3ºaño fuera del armario, lo que he descubierto

Este 13 de diciembre de 2017 se cumple el tercer aniversario de mi salida del armario. Como ya expliqué en 2015, en el primero de estos artículos anuales sobre cómo vivo fuera del armario, 2014 fue el año en el que dejé atrás los miedos, la homofobia interiorizada y tomé, definitivamente, las riendas de mi vida.

El 2014 fue el año de la aceptación, el siguiente, el de mi estreno en el mundo del activismo LGTB y 2016, el del empoderamiento definitivo. ¿Qué me habrá deparado el 2017?

¿Por qué hacer una serie anual de aprendizajes fuera del armario?

Básicamente porque no todo en la vida es jauja (ni falta que hace) ni leyes ni el pensamiento de las personas que nos discriminan y odian. No, también es actitud, es tener ejemplos y referentes de la vida cotidiana, es decir, del descubrimiento de la vida.

Es increíble todo lo que nos podemos perder al reprimir quiénes somos y las posibilidades que aparecen una vez que salimos al mundo tal como somos: las diferentes personas que podemos conocer, la toma libre de decisiones, la salida de la zona de confort de unx mismx, la amplitud de miras…

Estar fuera del armario ha abierto un nuevo mundo para mí, me ha permitido ser yo y, sobre todo, ser capaz de pensar por mí mismo, de crear mi propio código de conducta.

Al salir del armario, volví a nacer y es mi fuero interno más las realidades que he conocido desde entonces lo que me permite seguir adelante y tener ilusión, a pesar de todo lo que el colectivo LGTBIQ tiene aún en contra.

Siempre he sido un niño, chico y hombre reflexivo (eso no ha cambiado) y esta serie anual es una forma de mostrar los avances que doy en mi camino y las conclusiones a las que llego con mis experiencias.

Top 15 aprendizajes de mi 3º año fuera del armario

1-Existen diferentes tipos de empatía

Siempre he sido muy sensible, que no débil (no hay que confundirlo) y, hasta hace pocos años, ver a personas sufriendo o escuchar historias dolorosas provocaban reacciones físicas inmediatas: mareos, fuertes dolores de estómago, ganas de vomitar o lágrimas.

Con el tiempo, eso fue pasando (salvo con excepciones, como cuando alguien me habla dolores) y pensaba que había dejado de ser empático, que mi corazón se había cerrado.

Pues, no podía estar más equivocado. La empatía no es siempre sentir como propias las experiencias de los demás, sino, más bien, tener en cuenta al otrx.

fuera del armario empatía

Dentro o fuera del armario, en cualquier situación y para cualquier persona, la empatía es descubrir que el otrx existe.
(foto: Asociación Educar).

Por ejemplo, a mí muchas veces los problemas o traumas de algunas personas me parecen una insignificancia, pero ¿quién soy yo para juzgar qué es y qué no un problema o experiencia dolorosa? Nadie, ya que cada persona es un mundo y cada acontecimiento nos afecta de una manera diferente.

Además, no puede haber nada que (me) moleste más que, tras contar un problema, las respuestas que oigamos sean “bah, eso no es nada” (seguido siempre de “a mí…”), “menuda bobada te afecta”, “pues vaya, el mío sí es un problema de verdad” y demás comentarios por el estilo.

fuera del armario empatía

Mi reacción ante esas “empáticas” respuestas.

El sufrimiento no es una competición. Dejemos de comparar problemas y escuchemos más. Decirle a una persona que su problema es una mierda no le ayuda en absoluto. Lo único que provoca es que se sienta más sola.

¿Qué es mejor?, ¿restar importancia a algo que no nos afecta desde nuestro punto de vista sin tener en cuenta al otrx? o ¿estar a su lado, obviar que nos parece una tontería y aconsejarle si lo solicita/admite? En mi caso, no hay duda, la segunda opción.

Esto no quiere decir que siempre vayamos dando la razón. No. Lo único que significa es que tenemos en cuenta los tiempos, emociones, trayectorias vitales de los demás y, también, que, a veces, solo queremos desahogarnos, no escuchar una valoración no solicitada de nuestro drama.

Por estos motivos, considero que la educación no debe ser en tolerancia, sino en empatía.

Más ejemplos de lo que es la empatía
  • No violentar la forma de sentir y expresarse de una persona.
  • Respetar los silencios o ausencia de explicaciones del otrx.
  • Tratar de comprender por qué una persona actúa de una determinada manera, en lugar de pensar lo peor de ella porque viva/sienta de una forma diferente a la nuestra.
  • Dejar que la gente se explique y exprese (aunque, más o menos, sepamos lo que va a decir o no nos apetezca escucharlo).
  • Tratar de conocer a la persona, en lugar de prejuzgarla.
  • Estar abiertxs a otras formas de sentir.
  • Dejar de repetir y recordarle a una persona que cometió un grave error.

2-No sé responder a la pregunta “¿qué es un hombre?”

Tampoco a la de ¿qué es una mujer? En serio, ¿quién puede? Parece fácil, ¿no? Un hombre es aquella persona que tiene pene, ¿verdad? ¡Ay, va!, no, también hay mujeres con pene.

fuera del armario transexualidad

Imagen de la campaña “Hay niñas con pene y niños con vulva” de Chrysallis Euskal Herria.

Intentemos con las mujeres. Una mujer es aquella persona que puede dar a luz. ¿Solo? No, también pueden ponerse de parto los hombres transexuales. Además, hay multitud de mujeres que no pueden o no quieren tener hijxs. ¿Las hace eso menos mujeres? ¿Las convierte en hombres? No.

Nos podríamos tirar así todo el día, pero siempre llegaríamos a este mismo punto de duda.

Por supuesto que se puede afinar más y decir que una mujer es aquella persona que pertenece a un colectivo machacado desde siempre. Esto es verdad, pero, de nuevo, al tratar de definir a la mujer como persona, nos encontraríamos con el mismo problema.

De hecho, de la única manera que podemos acotar lo que es un hombre y lo que es una mujer es haciendo referencia a las características que el machismo impone: tipo de genitales, corte de pelo, vestimenta, actitudes, voz, profesiones, cuidado personal, cantidad de vello, aficiones.

En la biología o la genética tampoco están las respuestas. Entonces no habría transexuales, ni personas intergénero, ni de género fluido…

fuera del armario género fluido

Material didáctico de Chrysallis, la asociación de familias de menores transexuales. (fuente: Junta de Andalucía).

Por tanto, la conclusión es que somos lo que sentimos que somos en nuestro sexo sentido: hombres, mujeres o personas no binarixs.

3-Yo soy mi hombre ideal

Aunque no tengo un prototipo perfectamente definido del hombre que me gusta, sí que es cierto que, hablando de ropa, prefiero a aquellos que visten con personalidad, sin miedo al qué dirán, con elegancia y cierto punto arriesgado o que llame la atención.

Fuera del armario descubrir la moda

Diferentes outfits de 2017 (foto: elaboración propia a partir de fotografías tomadas por Sandra Llorente Moreno). Nunca es tarde para liberarnos del encorsetamiento que nos hemos impuesto para agradar al resto.

Durante muchos años de mi vida no me vestí como yo quería o como a mi madre le hubiese gustado (en este momento, me refiero a ropa más elegante), sino de una forma “más normal” para evitar que el bullying que sufría fuera a más.

Después, en la universidad, pasé por diferentes etapas: “restos de las épocas ESO y Bachillerato”, “grunge de palo” (o lo que yo creía que era grunge), “modernidad transitoria” (ropa casual-elegante que se pegaba más al cuerpo) y “fusión de todas”.

Salvo la de “modernidad transitoria”, que fue en 2011, el año que tuve mis primeros contactos sexuales (dentro del armario, sí, pero fue una época de autoexploración, aunque fuese breve), el resto de formas de vestir tenía el único objetivo de hacerme parecer heterosexual. “Así nadie se meterá conmigo” era mi razonamiento.

Desde 2014, pero, sobre todo, desde 2016, fui incorporando más color y riesgo (bermudas muy cortas, camisetas sin mangas…) a mi vestuario.

liberado fuera del armario

Las bermudas y las camisetas sin mangas también me han acompañado este tercer año fuera del armario (foto: Javier Herce).

Esa liberación iba acompañada del deseo de adquirir prendas más elegantes, como las que veía en revistas, webs de marcas y desfiles de moda.

Sin embargo, había algo que me frenaba, el miedo. A finales del verano de 2015 sufrí una agresión LGTBIQfóbica por parecer gay (a lxs ojos de lxs agresores, llevar bermudas muy cortas te convierte en gay, en menos hombre, en un blanco fácil).

Los minutos, horas y días después de esa agresión tuve clarísimo que no iba a cambiar mi forma de vestir ni comportarme por miedo a posibles ataques.

Sí, pero, al mismo tiempo, seguí sin mostrarme más arreglado porque ya se sabe, cuanto más delicado vayas, más débil parecerás.

A pesar de ese punto de homofobia interiorizada, pero, sobre todo, de desconocimiento del mundo de la moda (no todxs lxs hombres elegantes y/o que toman riesgos con su vestuario son gays o bisexuales. Este es un prejuicio que se nos ha metido), desde finales del año pasado, comencé a comprarme y volver a usar ropa más arreglada: un jersey de cuello alto por aquí, un abriguito corto por allá, mocasines, zapatos en lugar de solo deportivas…

Eso sí, no fue hasta enero de este año que todo cambió. Me propusieron asistir a la Semana de la Moda de Madrid (al final no tuve invitación, pero eso no importa) y yo acepté.

Me hacía muchísima ilusión, pero había un problema, no tenía nada que ponerme. Entonces, le pedí consejo a mi gran amiga y estilista Sandra Llorente Moreno. Una cosa llevó a la otra y le confesé cuál quería que fuese mi estilo diario. Gracias a sus consejos, orientación y apoyo, renové mi vestuario.

fuera del armario moda

La moda me hace feliz o, mejor dicho, permitirme disfrutar de la moda. Sin duda, uno de los grandes descubrimientos de este año fuera del armario.

De esta manera, este año me he empezado a vestir de la forma que, en este momento de mi vida, siento que me representa.

Además, gracias a Sandra y a mi interés creciente por el mundo de la moda, su historia y las tendencias actuales, he abierto mi mente a un nuevo mundo. Asimismo, ¡por fin! me he atrevido a llevar prendas más arriegadas, como el jersey rosa con botones en el hombro de la imagen de portada.

Es posible que estéis pensando, “Ohh qué transgresor, ¡va de rosa!”. Pues sí, aunque parezca increíble, aún lo es cuando lo primero que te dicen es que es bonito, pero el color es un poco… u ocurren cosas como estas:

fuera del armario ropa arriesga

Algunas de las reacciones al traje escogido por Eduardo Casanova para los Goya 2017.

Traducción de la imagen: como va de rosa hay que endurecerle, hacerle un hombre, el rosa le resta virilidad. Un maricón no es un hombre, tiene que ir a la mili y hacer cosas de guerra para ser un hombre. ¿Qué es esto? Homofobia y machismo.

En conclusión, no voy a reprimirme por posibles agresiones. A lo mejor ocurren o a lo mejor, no, pero ¿qué hago?, ¿me paso la vida con miedo? No, para mí no es una opción.

4-Expresiones homófobas normalizadas

Como os decía, soy una persona que piensa mucho. Desde que estoy fuera del armario, soy mucho más consciente de lo increíblemente discriminatorio que puede llegar a ser el castellano.

Multitud de expresiones o palabras de significado negativo hacen referencia a formas de vida que se salen de lo marcado por el heteropatriarcado o que están relacionados con la mujer (lo peor de este mundo para el machismo).

En esta ocasión, he seleccionado 5 que son homófobas y no nos damos cuenta:

  • A tomar por culo.
  • Que te den por culo.
  • ¿Qué hago, también te pongo el culo?
  • Bajarse los pantalones.
  • Este siempre va por la vida perdiendo el culo.

¿Por qué son homófobas? Básicamente porque consideran que el sexo anal, la que, aún hoy, se considera la única forma de relaciones sexuales entre hombres, es malo.

Perder el culo, es decir, que nos den por culo siempre está considerado como pérdida de masculinidad. De hecho, aún hoy, siguen existiendo hombres heterosexuales o gays activos cuyo culo es intocable. Piensan que su virilidad está en juego por disfrutar del sexo anal.

5-Hay mucho respeto de postureo

En general, todo el mundo que dice “soy respetuoso, pero…” ¡sorpresa! no es respetuoso. En este punto, me voy a referir, en particular, a las personas que afirman ser respetuosas, pero que por ciertas cuestiones no pasan.

Cuando terminó el World Pride de Madrid de este año, subí a Instagram una foto acompañada de una reflexión:

fuera del armario reflexiones

Recibí muchos comentarios. Hubo gente que estaba de acuerdo, otrxs en desacuerdo, pero la respuesta que más me llamó la atención fue la de un usuario, que ni me sigue ni me seguía, meses después de haber subido la foto.

Él se describía como gay masculino sin pluma, que nunca había tenido problemas por ser gay, al que le parecía una chorrada emplear la x para el plural inclusivo.

Le contesté que a mí, al principio, también me parecía una bobada, pero que luego, conoces personas y realidades diferentes y descubres que quieren verse representadas. Desde luego que la RAE no recoge la x inclusiva ni la @ ni la e que utilizan muchxs, pero eso no significa nada.

El lenguaje es una invención, al igual que sus normas, y puede cambiar. Además, también entra en juego el uso que se hace de la lengua. Esto motiva muchos cambios.

Si la utilización del idioma no provocase que la RAE modificase las normas, bizarro seguiría significando valiente, pero, como, desde hace bastante tiempo, la gente tenía asumido que bizarro era raro o extravagante, ahora esta es una acepción de la palabra.

Tenemos poder para cambiar las cosas, aunque cueste muchísimo.

El caso es que, a pesar de explicarle el porqué del uso de la x (para que cada unx ponga la vocal correspondiente a su identidad de género), dijo que lo entendía, que no lo compartía y que iba a seguir sin utilizarlo porque le parecía una bobada.

Esto está clarísimo que no es respeto, tampoco es empatía, pero lo más grave de todo es que con esta actitud lo que esta persona ha decidido es discriminar de forma voluntaria. Aún conociendo las razones, ha escogido discriminar. En definitiva, provocar sufrimiento.

Debido a esta anécdota, nos dimos cuenta de que, en lugar de hablar del colectivo LGTB, en Cultura Diversa, para no invisibilizar realidades, lo mejor es hacerlo del colectivo LGTBIQ.

Fuera de las cuestiones del colectivo, el respeto de postureo es el de frases del tipo:

  • Respeto lo que dices, pero es una tontería.
  • Respeto que esto te duela, pero voy a seguir haciéndolo porque me parece una bobada que esto te afecte.
  • Respeto tus decisiones, pero voy a continuar afeándote cualquier cosa que te ilusione que a mí no me guste.

6-El feminismo, ese gran desconocido

Existe un importante numero de personas que no saben qué es exactamente el feminismo. Lo vemos, muy a menudo, cuando a algún famosx se le pregunta sobre ello.

Muchísimas veces la respuesta es algo parecido a: “no me van los extremos, soy partidarix de la igualdad”. Cuando esto ocurre, esa persona suele ser trending topic porque numerosas cuentas de Twitter se dedican a machacarla a insultos.

Pero es que no nos enseñan bien qué es el feminismo. Se hace una pequeña mención al movimiento feminista del siglo XIX y principios del XX, a la conquista del derecho del voto femenino y poco más.

Además, normalmente, el movimiento feminista se relaciona con fanatismo, con un grupo de mujeres radicales. Y esto, aunque se haga de una forma sutil y anecdótica, va calando entre nosotrxs.

fuera del armario feminismo

El machismo mata. El feminismo, no. (foto: Wikimedia Commons).

Esto explica esas respuestas de algunxs famosxs o que muchas personas tuerzan el gesto cuando les decimos que somos feministas.

Y, por supuesto, ya no os quiero ni contar cuando les hablas de que vivimos en un heteropatriarcado, de la heteronormatividad o de la cisnormatividad. Las reacciones más habituales a estas palabras son que “son expresiones de otra época”, “esto ya no pasa”, “esto son tonterías de feminazis” o que, bueno, “esto ya es rizar el rizo”, es decir, pasarse.

Es curioso lo bien que funciona la maquinaria machista para hacernos creer que el feminismo es malo. Sí, resulta sorprendente porque todxs somos víctimas del machismo (algunxs más que otrxs, eso está claro. A las mujeres las matan por ser mujeres).

El machismo nos tiene encorsetados. Dicta nuestra forma de ser y vivir. Por ejemplo, la mujer debe ser sumisa, femenina, maternal, heterosexual, reprimida sexualmente, estar en casa y el hombre, fuerte, valiente, descuidar su aspecto, heterosexual.

Todo lo que se sale de lo establecido es merecedor de los calificativos de puta, zorra, golfa, egoísta, perdida, bujarra, maricón… ¿Qué es, a los ojos del heteropatricarcado, un marica? Un hombre parecido a una mujer. A veces, hasta “da igual” que te acuestes con hombres, lo importante es que te has salido del tiesto. Por eso, mereces ser machacado y comparado con lo peor que existe en este mundo, la mujer.

Existen hombres heterosexuales con voces agudas, afeminados… que, por ser diferentes, conviven con estos insultos machistas.

¿Qué es una puta para el machismo? Cualquier persona leída como mujer que tenga un comportamiento o aspecto diferente al establecido y cualquier persona de la identidad de género que sea que tenga sexo con hombres.

E, insisto, es curioso que el machismo siga ganando y continúe emponzoñando el feminismo, cuando este nos deja ser nostrxs mismxs y lo que es mejor, que eso no suponga un recorte en nuestros derechos.

7-Estoy dividido sobre el uso de marica y puta en el activismo

Por un lado, me maravilla que existan personas capaces de deconstruir estas palabras para que no les hagan daño y reivindicarse. Pero, por otro, marica, puta, zorra y demás, en esta sociedad, siguen teniendo una carga negativa y peyorativa muy fuerte, siguen siendo insultos.

¿Cómo se detecta, además, que son palabras que se utilizan para hacer daño? Es muy fácil, ninguna tiene un equivalente para echar por tierra la reputación de un hombre cis heterosexual.

Por ejemplo, ¿qué se le dice a una mujer para desprestigiarla? Puta. El masculino es puto y ¿qué es un puto?, un gay.

Personalmente, me ofende cuando me llaman maricón, cuando lo hacen como insulto, porque está dicho para hacer daño. Y, de hecho, ni siquiera lo utilizo en entornos seguros porque para mí es un insulto y para la sociedad también.

8-Hablo mucho de mí mismo

Desde mi yo, desde mi experiencia y me parece muy bien. Toda mi vida he escuchado que si solo hablas de ti mismo la gente no te importa, que eres egocéntrico.

Y no, no es verdad. ¿De qué voy a hablar si no? ¿De lo que hacen y sienten los demás? No, porque no lo sé. Prefiero aconsejar, consolar o dar apoyo desde mi experiencia, mis recursos emocionales y mis aprendizajes.

Además, para mí tienen mucho mas interés y me ayudan mucho más los casos reales que las generalidades del tipo: eso nos pasa a todxs, cuando se es joven no se sufre, lxs jóvenes tenéis una salud de hierro, que el tiempo lo cura todo o tienes que tranquilizarte porque la vida son 2 días.

Mi reacción ante esas generalidades.

9-Sinceridad sí, pero con matices

9.1. Sinceridad con la tristeza

Este último año fuera del armario he tenido una serie de problemas, que me han provocado una gran tristeza. Descubrí, además, que reprimir esa emoción (algo que he hecho toda la vida) o cualquier otra puede dar como resultado algunas enfermedades crónicas.

Entonces, en mayo, decidí poner en práctica un experimento, no ocultar cómo me sentía:

¿Qué tal estás? Mal, gracias, sigamos con nuestra vida

Este era el planteamiento que yo tenía, ya que, cuando la respuesta es “bien”, todo es un formalismo y ya podemos pasar a lo que queremos hablar de verdad.

Pero claro, ¿quién responde “mal”? Muy poca gente. No está normalizado, por lo que, cuando yo decía “mal, gracias”, la gente no paraba de preguntar el motivo o decirme “ánimo”.

Y cuando digo gente no me refiero a amigxs o familiares, sino a gente que te cae normal del día a día, personas a las que les da igual el “bien”, pero que les choca el “mal”. Muchxs, por normas sociales, se sienten obligadxs a preguntar el motivo, en lugar de dejarlo estar como cuando escuchan “bien”.

¿Por qué el “bien” nos da igual y el “mal” despierta la curiosidad (y, a veces, también, las preguntas indiscretas?

No tengo respuesta, pero quiero pensar que es porque no somxs fríxs.

¿Por qué abandoné el experimento?

Yo solo quería expresarme y adiós. Deseaba no tener que ocultar ese sentimiento de pena y, sobre todo, no tener que fingir felicidad o un buen estado de ánimo.

Durante el mes y pico que llevé a cabo este experimento descubrí 3 cosas que me hicieron abandonarlo:

  • Aunque esté triste, me sale natural hacer bromas o crear buen ambiente. Por tanto, no estoy fingiendo felicidad. Soy alegre y no es incompatible ser así con pasar una temporada horrible de ánimo.
  • Soy mucho más que una persona que se deprime, a veces, del mismo modo que soy mucho más que una víctima de bullying. Soy un hombre luchador, trabajador, amable, asertivo, comprensivo, valiente, sincero. Soy todo lo que pueda decir y mucho más.
  • A pesar de que creía que hablar abiertamente de mi estado de ánimo me ayudaría a sobrellevarlo, lo cierto es que la afirmación “estoy mal” provocaba que me quedase anclado en ese estado y que lo retroalimentara.

En resumen, la tristeza es un sentimiento que tengo derecho a sentir, pero quedarme en las frases “soy triste”, “siempre estaré triste” que acudían a mi mente al decir “estoy mal”, aunque sean respuestas habituales de nuestra mente y momentos duros, en mi caso, también hacen que me estanque en la gran zona de confort que puede llegar a ser la tristeza.

Por tanto, para mí, es mucho mejor tratar de combatirla y estar bien.

9.2. Sinceridad vinculada a cautela

Yo cuando cuento algo malo no espero una valoración ajena de mi vida, solo dar información sobre mí. No lo hago para que me compadezcas. Sí es bonito y de agradecer cuando alguien me ha dicho que se alegra de verme feliz y sano después de todo lo que he pasado, pero ese no es el objetivo.

Tampoco entra en mis planes que los defectos de mi carácter y mis errores pasados se conviertan en munición para atacarme. Cuando yo hablo de mi trayectoria, mis traumas o mis miserias, no lo hago para que me lo saquen en una discusión o momento bajo, sino porque confío en la persona y quiero que me entienda/ayudarle en sus momentos malos.

Mis miserias no me hacen menos persona ni diana de las frustraciones de otras personas en forma de comentario dañino.

Nota: yo le hice esto a un gran amigo y fue terrible darme cuenta de que tenía este comportamiento. Pero, sobre todo, fue horrible descubrir que le había hecho muchísimo daño. Este incidente ocurrió en 2016, pero acontecimientos de 2017 han provocado que lo haya interiorizado por completo.

Normalmente, soy una persona muy sincera y muy clara sobre quién soy yo. No dudo en tratar de ayudar a alguien desde mi experiencia, pero sí que estoy tratando de cuidar a quién le doy más detalles y a quién no por lo que pueda suceder.

Sigo siendo yo, pero, para protegerme, tengo un poquitín más de cuidado.

10-A muchos medios de comunicación o partidos políticos no les importa nada la persona, la víctima

Desde que hice el vídeo sobre el bullying que padecí durante toda mi trayectoria escolar y, sobre todo, desde que sufrí la agresión LGTBIQófoba en agosto de 2015, he concedido entrevistas a diferentes medios y plataformas.

En la mayoría de los casos, la experiencia no ha sido nada satisfactoria porque siempre te engañan en algún punto. La conclusión que saco es que lo único que quieren es “el prestigio” de sacar una historia lo más morbosa posible para conseguir muchos clics y/o cierta reputación de “somos los buenxs, lxs comprometidxs”.

Si con esa información, dejan expuesta mi intimidad (aquella que no he compartido con ellxs) o, directamente, distorsionan todo lo que les he dicho, eso ya les da bastante igual. Ya han conseguido su historia, lo que querían y, en muchos casos, el trato a partir de ese momento, cuando ya me han utilizado, cambia radicalmente. La amabilidad desaparece y es sustituida por la frialdad.

Además, si te enfrentas a ellxs, rara vez te pedirán un perdón auténtico. En su lugar, usaran una frase que odio “perdona si te hemos ofendido o si nos hemos equivocado”. Y es como, no, no os confundáis, me habéis ofendido, os habéis equivocado (o pasado de listxs), no hay lugar para la posibilidad. Después, me retiran la palabra porque ya no les sirvo.

Es muy posible que no todos sean así, pero debido a experiencias muy desagradables de este año, me he hecho una promesa: solo dar mi testimonio en espacios seguros, como, por ejemplo, aquí o en La Pluma Invertida. Además, siempre con mis condiciones y comentarios.

También lanzo una recomendación para los medios de comunicación: tenéis que cuidar a la víctima porque es ella la que os da la historia. Si la traicionáis, jamás volverá a vosotrxs y no, no todo el mundo está dispuestx a hablar de etapas dolorosas de su vida (acoso, abusos…) o a hacer visible su orientación sexual.

11-Escapa a mi control la LGTBIQfobia y el machismo estructural de España y del mundo

Cuando publiqué el texto del punto 5, me encontraba en un momento muy bajo de ánimo, pero sobre todo, de muchísimo pesimismo y angustia.

De todo lo que me preocupaba, la LGTBIQfobia y el machismo arraigados en España y en el resto del mundo me tenían hundido.

Me repetía una y otra vez que todo puede ser maravilloso en los pequeños espacios seguros que hay, en el mundo del activismo, en las inspiradoras cuentas de Twitter, Youtube o Instagram de diferentes personas, pero que “la vida real” continúa siendo un lugar hostil.

Las razones las situaba (y sitúo) más allá de las leyes, del respeto de postureo, en la mentalidad de todas aquellas personas que continúan pensando que todo aquello que se sale de lo considerado normal es reprobable.

A pesar de que todo es cierto, también es verdad que yo no tengo el poder para convertir a la gente en personas más comprensivas, más abiertas de mente. Además, todos estos cambios son muy lentos.

El movimiento feminista comenzó su andadura política a mediados del siglo XIX y todavía no hemos alcanzado la igualdad real. Han pasado unos ¡160 años! y no solo es necesario, sino que, en cuanto nos descuidamos, el machismo se vuelve a consolidar.

fuera del armario feminismo

El funcionamiento del machismo.

El movimiento LGTBIQ inició su lucha con los disturbios de Stonewall (28 de junio de 1969) y, aunque los cambios han sido impresionantes desde entonces, todavía somos ciudadanxs de segunda, todavía se justifican las agresiones, todavía hay plumofobia, todavía se nos dice que ocultemos nuestra orientación sexual o identidad de género en diferentes ámbitos de la vida…

Me molesta mucho esta situación y, sobre todo, me hace sufrir, pero yo solo no puedo cambiarlo ni controlar cómo piensa la gente. Sí controlo una cosa: hago lo que puedo para que la igualdad sea real en algún momento del futuro.

Creo que lo importante es no rendirse.

12-No siento que esté en este mundo para acumular rencores

Mi forma de pensar es clara, si te quiero, te quiero y te perdono. No le veo el sentido a perder el tiempo haciéndome de rogar. Esto no significa que pase por todo porque para nada.

Simplemente, quiere decir que todxs nos equivocamos y que no contemplo el recurso de estar enfadado para castigar a la otra persona.

Bastante me he perdido como para ahora que estoy fuera del armario siga repitiendo comportamientos que no van conmigo.

Si se ha disculpado, ¿para qué continuar alargando el mal rato? Eso sí, si una persona me ofende, después de pedirme perdón, yo ya no digo “no te preocupes”, sino “gracias por la disculpa, todo está bien”.

¿Por qué hago esto? Precisamente por lo que decía al comienzo, porque tengo sentimientos y son importantes. Me parece adecuado dejar claro que algo me ha molestado, al mismo tiempo que agradezco la disculpa.

13-No dejo que los complejos me limiten

Tengo muchos complejos. Esto es una verdad como un templo. A pesar de que van a menos y de que ya no los considero verdades absolutas, sino rasgos de mi personalidad que quiero que desaparezcan, ahí están.

Como nos pasa a muchxs, en los malos momentos, muchos de los ya superados vuelven a emerger y los que siguen ahí se fortalecen.

Me encanta bailar a mi manera. Al principio, soy un poco un poste que se mueve con el viento y, conforme me adapto al lugar orientado al baile donde estoy, ya me suelto y me desmeleno. Lo podré hacer mejor o peor (no soy bailarín), pero lo importante es que me divierto y hago muchísimo ejercicio.

tercer año fuera del armario

Dándolo todo, el pasado octubre, en la zona de los mandos de lxs DJs en Cuenca Club (Madrid).

Lo que acabo de escribir me representa al 100%. Sin embargo, a veces, la diversión no me parece suficiente y me preocupa lo que piensen lxs demás, pero, sobre todo, lo que yo creo que piensan lxs demás por los diferentes comentarios y valoraciones que he ido almacenando en mi memoria desde siempre.

Como he dicho, me suele costar ponerme a bailar como si nada. Yo llevo a cabo un proceso porque, aunque no se suela notar, yo soy tímido (un millón de veces menos que cuando era un niño o un adolescente, eso sí).

Empiezo quieto como un pasmarote y, poco a poco, mientras me repito que no estoy en la discoteca para agradar al resto, sino para divertirme, muevo los pies, los brazos… Cuando ya libero la cadera, puede decirse que me suelto.

Sin embargo, este año, no siempre me ha funcionado mi método. De hecho, ha habido alguna que otra noche en la que me he quedado paralizado y sintiéndome muy mal conmigo mismo y con los amigxs que me acompañaban (por sentir que les fastidiaba el plan).

Lo segundo no lo controlo, pero lo primero estaba provocado por la idea de que estaba retrocediendo en mis avances y, sobre todo, por el machaque psicológico al que yo me sometía con frases que pienso que el resto piensa, como estas:

  • Para qué viene a una discoteca si no baila.
  • Para qué paga las copas si no baila.
  • No baila, no es atractivo.
  • No baila, menudo muermo.
  • No baila, le ocurre algo raro, ¡alejémonos!
  • Baila como un desaforado, ¿de qué va este flipado?
  • ¿Se cree que lo hace bien? Da pena.

¿Sabéis qué?, lo más probable es que no piensen en mí, que ni se hayan percatado de mi presencia. Eso para empezar, pero lo más importante no es eso, sino que yo no voy a una discoteca a satisfacer a lxs demás, voy a pasármelo bien.

Si justo tengo la mala pata de ponerme triste en un momento dado, ¿qué le voy a hacer? Espero a que se pase o me voy a mi casa, según tenga el día. Y si tengo que recurrir a ese proceso mental de deconstrucción de esos malos pensamientos, perfecto. Así funciono.

A veces, la poca confianza en mí mismo que encierra este conflicto se ve perjudicada por el feedback negativo que me ha llegado por parte de personas queridas:

  • Me avergüenzas.
  • Qué asco.
  • Bailas como una loca (el gay más parecido a una mujer posible [ Alerta: Plumofobia]. Por eso, “loca” tiene más poder como insulto).
  • Lo haces de dentera.

Sabéis cuáles son mis respuestas al respecto. Una es “si no te gusta, no mires, pero no me chafes algo que me encanta con lo que no hago daño a nadie”. Si a alguien le ofende mi pluma, mis saltos, mis movimientos de cadera o mis brazos levantados, yo lo siento mucho (bueno, no, es un sorry not sorry), pero eso no es mi problema.

La segunda la expone a la perfección Lindsay Lohan en la película The Canyons (2013):

sin complejos fuera del armario

“No, tú me estás diciendo esto porque estás celosx”. En este caso, de la confianza que tengo en mí mismo.

Y la tercera, Nathaniel, todo un referente en el camino para hacer desparecer los dañinos roles de género:

Moraleja: las personas que nos limitan, que nos chafan nuestras diversas maneras de ser felices o que no dejan de ridiculizar nuestros procesos mentales para liberarnos no nos quieren.

Ellxs creen que sí, pero a quien quieren es a la idea que tienen en su cabeza de quiénes somos y, sobre todo, de quiénes deberíamos ser.

14-Cada año me siento más joven

Mentí tanto sobre mi vida cuando no me aceptaba que ahora que estoy fuera del armario estoy construyendo mi identidad.

Muchos de mis gustos estaban marcados por lo que sentía que era correcto para un chico heterosexual y otros por lo que había visto en mi familia. Como siempre he querido agradar (ya no, menos mal), en numerosas ocasiones, asumí como míos gustos que no eran tales.

Todo conformó una bola que, en mi mente, ha explotado en forma de desmemoria sobre diferentes situaciones cotidianas. Lo que, en un principio puede parecer horrible, para mí es maravilloso porque vivo en un constante descubrimiento.

Para mí estar fuera del armario es vivir sin ataduras de ningún tipo. Es permitirme que me guste Madonna, el petardeo, el rosa, la pluma, la electrónica en todas sus variantes, la moda, el postureo del bueno, es decir, todo lo que se relaciona con el “gay típico”.

Soy más que un estereotipo, pero (reflexión) ¿por qué si nos parecemos al estereotipo somxs percibidxs como peores?

Vivir fuera del armario es, en mi caso, una experiencia tremendamente enriquecedora. Creo que ese es el motivo de que me sienta cada año más joven.

Conforme pasa el tiempo, me voy quitando lastres y me permito ser quién yo soy.

15-No tenemos que ser perfectxs, solo felices

Y lo último, solo si nos apetece. No es obligatorio ser feliz. Tiene que ver con muchos condicionantes externos, pero también con nosotrxs mismxs, con nuestra actitud. Tenemos derecho a estar tristes.

Respecto a la perfección, este tercer año fuera del armario he sido consciente de que, en mi mente subyace la idea de que tengo que ser perfecto. ¿De dónde procede esta creencia?

Estoy seguro de que es una fusión de un 80% de una de mis formas de afrontar el bullying, de un 19% de comentarios (muchas veces bienintencionados) escuchados a lo largo de mi vida y que, por el motivo que sea, mi cerebro ha almacenado como verdades absolutas, y un 0,1% de publicidad. Los dos últimos puntos están claros.

El primero viene de mi adolescencia. Pensaba que se metían conmigo porque captaban mis defectos. Entonces, yo me convencí a mí mismo de que tenía que ser perfecto para evitar ese acoso.

Por ejemplo, tenía que ser y parecer la persona más limpia. Para ello, me frotaba tanto las rodillas, los codos y el interior de las orejas que me hacía sangre.

Con el paso de los años, continué maltratando mi cuerpo en la búsqueda de una supuesta perfección. Y, ¿sabéis qué? Este año me he dado cuenta de que perseguir la perfección es un error porque no existe.

No tenemos que ser lxs mejores en todo (trabajo, deporte, aficiones…). Eso no quiere decir que nos conformemos con lo malo o que no nos esforcemos. No, me refiero a que lo importante es aceptarnos y querernos tal y como somos.

Una vez logrado eso, ya podemos apuntarnos al gimnasio si queremos estar más tonificadxs, comer mejor si nos apetece o cambiar cualquier cosa de nosotrxs que consideremos que podría estar mejor.

Para mí, la aceptación es una parte muy importante de la felicidad.

16-¿Qué es esto?, ¿un monólogo?

Exponer como van siendo mis años fuera del armario es maravilloso. Por un lado, me gusta creer que puedo ayudar a otras personas y, por otro, resulta increíblemente terapéutico para mí. Es una forma de reafirmarme y de confirmar que voy en la dirección adecuada.

Pero considero que esta sección anual (o como sea en el futuro) puede ser mucho más diversa y, por tanto, enriquecedora, si se nutre de los aprendizajes y/o denuncias de otras personas del colectivo LGTBIQ, que también estén fuera del armario.

Por todo ello, si sentís que vuestra realidad puede ayudar a otrxs, podéis escribirme a revistaculturadiversa@gmail.com.

¡Será un placer que hagamos más diversa Cultura Diversa!

12 comments

  1. Albert 21 diciembre, 2017 at 20:33 Responder

    Acabo de leer el artículo y lo he tenido que pasar a mis conocidos porque es un pasote! Te felicito y me alegro muchísimo de ver personas como tú. Tengo 23 años y vivo en Barcelona, y mi historia es bastante parecida a la tuya. Enhorabuena de verdad y muchas gracias por dejarnos estas perlas. No sé porque pero me han entrado ganas de salir de fiesta contigo!

    PD: Te he seguido en Instagram!

    • Víctor Berzal de Miguel 21 diciembre, 2017 at 22:39 Responder

      ???????????????? Muchísimas gracias por todo: leer, compartir y tus felicitaciones 🙂 Siento que tu historia sea parecida a la mía porque habrás sufrido mucho y me alegro también porque, entonces, has salido adelante. Tengo curiosidad por verte en Instagram.

      Un abrazo!

  2. Isabel 15 diciembre, 2017 at 08:09 Responder

    ¡Qué necesarias son las personas como tú! Gracias por tu sensibilidad y tu actitud. Cada vez estoy mas concienciada por la igualdad; si bien es verdad que sobre todo por la lucha feminista, todo lo que no sea hombre blanco heterosexual es objeto de menosprecio, por lo tanto de concienciación y lucha. Que vaya bien ☺

    • Víctor Berzal de Miguel 15 diciembre, 2017 at 19:14 Responder

      Muchísimas gracias, Isabel. ¡Es emocionante leer comentarios tan bonitos!
      Si te das cuenta, es todo lo mismo. La LGTBIQfobia no es otra cosa sino machismo. Aunque es importante que existan personas centradas en cada una de las ramas, yo creo que lo importante es que todxs estemos unidxs, puesto que todo forma parte de la misma lucha. Igualmente te deseo lo mejor 🙂

  3. Ole tu 14 diciembre, 2017 at 15:57 Responder

    Me he reído, me he emocionado y me has hecho reflexionar. Vamos, que me ha encantado. Es largo, sí, pero la verdad es que es muy ameno también 🙂
    Y sobre cosas que comentas sobre complejos, empatía… creo que estás o has estado rodeado de gente muy tóxica y me parece fantástico que compartas con el mundo tus reflexiones y estrategias para ser feliz. No es habitual que los maestrillos hablen de sus librillos.
    Así que GRACIAS y feliz aniversario ^^

  4. Aries 13 diciembre, 2017 at 12:47 Responder

    Me ha encantado poder descubrir este blog, me siento muy identificado con muchas cosas que aquí compartes, soy un seguidor tuyo de Instagram y guardamos una relación muy cordial pero quizás me hacia falta leer muchas cosas que aqui he leído para mantener mi idea que eres todo un HÉROE, de esos que no necesitan una mención, que prefieres guardar todo para las personas que te quieren y por supuesto no hay mejor éxito que crecer de nuevo como persona y como hombre, mi total enhorabuena.

    • Víctor Berzal de Miguel 13 diciembre, 2017 at 14:54 Responder

      Muchísimas gracias, de verdad, por leer el artículo y por todas las preciosas palabras que me dedicas. Me alegra mucho que pienses todo esto de mí. Te lo agradezco muchísimo.
      Solo tengo una duda, quién eres? No te ubico como Aries.
      Un abrazo fuerte 🙂

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