La Golondrina con Carmen Maura menosprecio homosexualidad

La Golondrina: homofobia es echar en cara el concepto “permitir”

Desde el 12 de marzo hasta el 5 de mayo, en el modernista Teatro Infanta Isabel de Madrid, podrá verse la obra de teatro La Golondrina con Carmen Maura y Félix Gómez. Escrita en 2017 por el dramaturgx gay visible Guillem Clua, trata diferentes temas, pero todos unidos por un nexo común: la homofobia y sus terribles consecuencias.

La Golondrina con Carmen Maura homofobia

Un momento entrañable de La Golondrina con Carmen Maura y Félix Gómez (foto: Teatro Infanta Isabel).

¡Atención! En general, esto no es una crítica al uso, sino, más bien, un análisis. Por tanto, contiene spoilers, sobre todo, a partir del segundo apartado, cuando aparecen uno detrás de otro.

La Golondrina de Guillem Clua: crítica de la obra

¿Cómo son los diálogos?

Hace casi una década, Patricia Navarro (Operación Triunfo 2009) ensayaba la canción Jueves de La Oreja de Van Gogh. Este tema del primer álbum con Leire Martínez, A las 5 en el Astoria (2008), está dedicado a las 192 víctimas del 11-M y trata sobre un romance que dura unos segundos antes del estallido de las bombas.

En un momento del ensayo, Àngel Llácer le dice a Navarro que no tiene que adelantar ni añadir más drama, con su cara y forma de cantar, a la tragedia que encierra Jueves. Esto último se descubre al final, pero antes, Leire Martínez interpreta una composición romántica sin más.

Para hacerse comprender, Llácer puso un ejemplo: la muerte a la que todxs nos enfrentaremos algún día. Él explicó que sabe que se morirá algún día, pero que no por ello se pasa la vida lamentándose ni sumando más drama. La muerte llega y cuando eso ocurre, lo malo se presenta ante nuestros ojos.

¿Qué tiene que ver todo esto con La Golondrina de Carmen Maura y Félix Gómez? La respuesta es mucho. Durante la hora y pico que dura la obra, la inmensa mayoría de los diálogos y la forma de interpretarlos adelantan toda la trama. Prácticamente desde el principio, ya se sabe quién es Ramón (Félix Gómez), cómo fue la muerte de Dani, cuál era su orientación sexual…

Todo ello lo desvelan unos diálogos ñoños o que fracasan en su intención de misteriosos (básicamente, dan vueltas sobre algo que está ya claro), recitados con voz o actitud de drama, que flaco favor le hace a la obra.

Las interpretaciones y el ritmo de La Golondrina con Carmen Maura y Félix Gómez

Lo afirmado en el apartado anterior no significa que las interpretaciones sean malas porque no lo son, pero tampoco son buenas. Por un lado, tenemos a una Carmen Maura con dificultades para proyectar la voz y, aún así, cómoda en un papel poco exigente, en general.

Por otro, a un Félix Gómez que la proyecta demasiado, lo que impide que veamos al personaje. En su lugar, vemos a un actor interpretando.

Crítica LGTB La Golondrina con Carmen Maura y Féliz Gómez

Imagen promocional de La Golondrina con Carmen Maura y Félix Gómez.

Respecto al ritmo, La Golondrina es lenta hasta que la trama se precipita y se producen fuertes peleas o desgarrados monólogos. En este sentido, la segunda parte resulta trepidante, pero, al mismo tiempo, los defectos ya mencionados del texto impiden que la obra fluya.

Ello da como resultado un espectáculo que no llega a la hora y media, que parece que dura el doble y que tendría que quedarse en torno a los 45 minutos, como máximo.

El tema estrella de La Golondrina con Carmen Maura y Félix Gómez: la homofobia

Ambientada en España, La Golondrina cuenta con 4 personajes principales: Amelia (Carmen Maura), Ramón, Dani y un atentado islamista en un bar de ambiente LGTB. Sin duda, este último sitúa en Madrid el tiroteo de carácter LGTBIQfóbico de Orlando (2016), reivindicado por El Estado Islámico.

La Golondrina con Carmen Maura Atentados Orlando

La discoteca Pulse de Orlando, donde fueron asesinadas 49 personas del colectivo LGTBIQ (foto: Wikimedia Commons).

En un momento dado, Ramón le explica a Amelia que el atentado fue contra gays, lesbianas y transexuales (se olvida de lxs bisexuales). Eso sí, como lxs 2 protagonistas hombres son cis y gays, La Golondrina con Carmen Maura y Félix Gómez se centra en la homofobia.

Tal vez el público del Teatro Infanta Isabel (está en pleno Chueca) no sabía a qué iba, pero, como suele suceder cuando una obra trata, abiertamente, sobre el colectivo LGTBIQ, se fue gente, los murmullos no se detuvieron casi en ningún momento y, por supuesto, se produjeron risas y carcajadas cuando no tocaban.

Muchas de ellas llegaban tras una serie de tópicos enumerados por Ramón (“¿no notaste nada? ¡Con lo bien decorada que estaba la casa”), que solo parecían guiños cómicos para el público heterosexual. Otras, al afirmar Amelia que se estaba pelando un kiwi cuando Dani salía del armario con ella.

¡Qué gracioso!, ¿no? Nos quedamos con eso. Dani, de 32 años, se atreve a decirle a su madre que es homosexual (estaba en el armario por miedo [como nos pasa a todxs], debido a la homofobia de la sociedad y de ella), su madre no reacciona, una parte de Dani se quiebra, pero ¡qué cómico!, ¡riamos!, ¡ella se estaba pelando un kiwi!

La Golondrina con Carmen Maura y Féliz Gómez homofobia

¡Qué insensibilidad más grande!, sobre todo, porque a la inversa no se da. En ningún momento, el drama de Amelia es motivo de risa.

Todas las frases de La Golondrina que gritan homofobia

Aunque las dice Amelia, esta parte no es una crítica a La Golondrina. La obra muestra razonamientos que siguen implantados en las mentes de millones de personas y que son tremendamente homófobos.

Mencionarlos y explicarlos no significa estar al quite, sacar defectos con lupa o victimismo (un saludo a ese comentario de alguien que dijo ser Un Tío Blanco Hetero). No, se trata de sensibilidad y de ser conscientes de la opresión y de todas las dañinas sutilezas que la sustentan.

“Tenéis la suerte de vivir en un país que os permite casaros, tener hijos o que corta las calles para que os manifestéis”

¡Guau!, muchas gracias. La gente nos lo permite. ¡Qué moderna la peña!, ¿no?, ¡qué buenxs!, que nos permiten ser consideradxs personas.

Un monumento ya mismo para el colectivo opresor que nos echa en cara esas palabras tan terribles, tolerancia y permiso, en cuanto osamos decir que la LGTBIQfobia (homofobia en esta obra) sigue campando a sus anchas.

Lo que hay que hacer es respetar y asumir que somos personas, en lugar de tolerarnos o permitirnos ciertos comportamientos. Afirmar que “nos lo permiten” o que “nos toleran” les coloca a ellxs por encima de nosotrxs.

“Vete, que voy a decir cosas que no quiero decir”

No, de hecho, lo que van a decir las personas que sueltan frases de este tipo es lo que piensan realmente sobre los homosexuales. No es bonito, no es respetuoso, sino ignorancia, moral judeocristiana y odio.

“Lo mío sí era amor no esa cosa que tuvieras con él”

¿Hace falta explicar esto?, ¿aún es necesario decir por qué este pensamiento es homófobo a más no poder?

Por cierto, en La Golondrina con Carmen Maura y Félix Gómez, el amor de Ramón y Dani solo cobra valor para Amelia cuando el primerx le dice que se iban a casar. ¿Nos damos cuenta de lo dañino que es esto?

“Os queréis apropiar del sufrimiento”

En realidad, es un poco al revés. Son ellxs lxs que se cierran en banda a escuchar y admitir que la homofobia sigue vigente y que es estructural.

Nunca quieren escuchar esa parte porque les rompe los esquemas de vivir en una sociedad moderna y tolerante, pero la cuestión está en que ellxs no son lxs indicadxs para valorar si la homofobia es cosa del pasado o no.

De hecho, es mencionar algún acto de homofobia flagrante y, en lugar de dejarnos hablar, se nos suele cortar.

Crítica LGTB La Golondrina con Carmen Maura y Féliz Gómez

Entonces, empiezan una serie de argumentos para rebatir la realidad que ellxs no viven: “se ha mejorado mucho desde los 80”, “os podéis casar”, “queda muy poca gente homófoba” o una de nuestras favoritas “yo no soy homófobo”.

Lo siento, sí lo eres, todo el mundo lo es. Todxs tenemos una educación impregnada de homofobia, bifobia, transfobia, machismo, plumofobia, clasismo, racismo…

¿Por qué? Porque así es el sistema, así es gran parte del humor, así son muchos anuncios, películas, libros… Está en todxs nosotrxs, en mayor o menor medida, pero nadie escapa.

Hay una forma de deconstruirse y de luchar contra todas esas falsas creencias tan arraigadas: escuchar a las víctimas y reflexionar.

“La muerte de Dani fue mala suerte, un accidente”

La frase anterior se dice cuando Ramón corrige a Amelia sobre el atentado en el bar. Obviamente, fue mala suerte. Si Dani no hubiese ido ese día, no habría muerto a balazos. Sí, pero no murió como víctima cualquiera, murió por ser gay porque el atentado iba solo para la gente del colectivo.

En lugar de escuchar, Amelia piensa que esta realidad objetiva quita valor a su duelo. Ramón, en ningún momento, afirma que por ser un atentado LGTBIQfóbico SOLO deba sufrir el colectivo. Resulta evidente que no, pero para el personaje de Maura esto es una línea roja.

Pues bien, no reconocer que el atentado fue LGTBIfóbico es restarle importancia. Ramón lo expone muy bien. Si hubiese sido en una sinagoga, nadie habría dudado del carácter antisemita del suceso.

Sin embargo, en este, que además desapareció prontísimo de los informativos y no generó la alarma habitual ante ataques de esta magnitud, ¡misterio!, “iba a por personas”.  Desde luego, pero iba a por un colectivo particular.

La negación de esa evidencia o que algunxs políticxs y medios nunca mencionaran el carácter LGTBIQfóbico del atentado es, simple y llanamente, invisibilidad, opresión, complicidad y LGTBIfobia.

“Lo siento, pero no lo entiendo”

No hay nada que entender. ¿Acaso es un argumento no entender el enamoramiento o atracción sexual heterosexual?

“¡No estaba preparada!, ¡no era un buen momento!”

¿Cuándo es un buen momento?, ¿cuándo les viene bien que empecemos a vivir en verdad? Perdonen ustedes, opresores, ya vivimos más tarde.

Todxs sabemos que lxs padres no suelen estar preparadxs y que les costará adaptarse (nos ha costado a nosotrxs como para que no les cueste a ellxs) por la homofobia estructural.

Sí, lo sabemos, pero aquí lxs protagonistas no son ellxs, lo es la víctima, la misma a la que hay que arropar y acoger, en lugar de hacerla sentir aún peor por mostrarse tal y como es “porque no están listxs para aceptarlo” o porque “su hijx ha cambiado, ya no es como antes”.

¡Sorpresa!, antes no era auténticx y echarle en cara su cambio (porque se prefería su forma de ser anterior a la verdadera) solo deja claro que se le prefiere reprimidx, en lugar de feliz, que se le prefiere en su versión rota y que no se apoya cómo se recompone. Esto no es amor, sino egoísmo, egocentrismo y LGTBIQfobia.

a Golondrina con Carmen Maura y Féliz Gómez homofobia

Reacción, de buenas, para cuando se afirma alegremente que la LGTBIQfobia es cosa del pasado.

Comprendemos la reacción inicial, la aguantamos, pero no la justificamos y, a veces, nos cansamos y alejamos. Ante esto último, lo que recibimos son calificativos como “radicales” o “sectarios”. Claro que sí, que se repitan eso todos los días frente al espejo mientras pierden a sus hijxs.

Dicho de otra manera, entendemos que les cueste asumirlo, pero no tenemos que vivir su proceso de aceptación. Bastante hemos aguantado y no nos toca a nosotrxs contemplar a la parte opresora.

Puntos fuertes de La Golondrina contra la homofobia

Pese a todos los defectos mencionados de La Golondrina con Carmen Maura y Félix Gómez, esta obra de teatro es valiosa y muy útil para el colectivo porque nos da voz y nos permite explicar la homofobia y cómo nos afecta.

Normalmente, como ya hemos dicho, se nos corta, la gente prefiere mirar para otro lado. En cambio, en La Golondrina, Amelia lo tiene que escuchar y, aunque sea a regañadientes, deja que Ramón se explaye a gusto.

Además, otro punto a favor de la pieza es que, aunque pueda parecer que la trama es una guerra entre sentimientos válidos y erróneos, al final, la situación queda en tablas. Nadie es mejor ni peor y todxs sufren. Eso sí, Ramón sufre por la verdad de los hechos y Amelia, por la mentira, la homofobia.

En muchos momentos, el personaje de Félix Gómez se enfada por la cerrazón del de Carmen Maura. Ella se toma esa actitud como odio, pero “solo” es indignación ante el menosprecio, el silencio y la invisibilización.

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