22 singulares edificios madrileños del siglo XX desaparecidos
Como en multitud de ciudades, la capital española cuenta con un importante número de arquitecturas perdidas. Hasta hace poco, el segundo rascacielos más alto de la Plaza de España (117 metros) ha estado a punto de engrosar la lista de edificios desaparecidos de Madrid.
Según El País, el Ayuntamiento de Madrid rebajó el nivel de protección del Edificio España del 2 (estructural) al 3 (parcial). Por su parte, El Confidencial informaba de que esa medida era un paso obligado para favorecer al Grupo Santander (propietario desde 2005) la venta del inmueble al conglomerado empresarial Wanda.
Con la rebaja, que permite derribos parciales, Wanda se comprometía a entregar al Ayuntamiento los 30 millones de euros que el El Santander prometió para la reforma de la Plaza de España.
A raíz de la posibilidad de desaparición de uno de los edificios más emblemáticos de Madrid (y primer rascacielos español en llegar y rebasar los 100 metros de altura) provocó multitud de reacciones populares (Plataforma Salvemos el Edificio España) y políticas.
Aunque, finalmente, el rascacielos de Arquitectura Franquista Imperial no será demolido, todo este caso ha traído a la memoria de Cultura Diversa otros singulares edificios desaparecidos de Madrid, del siglo XX, que conforman esta lista.
Edificios desaparecidos de Madrid derruidos
Parque de Diversiones de Ciudad Lineal (1904-1966)
Fue creado en 1904 por la Sociedad de Espectáculos de la Ciudad Lineal, cuyo presidente era Arturo Soria, quien ideó el barrio.
En un principio, el Parque de Diversiones de Ciudad Lineal estuvo compuesto por:
- El Gran Teatro. Inaugurado en 1904 y de estilo modernista o Art Nouveau, fue diseñado por Ricardo Marcos Banzá.
- El Salón-Restaurant. Se encontraba anejo al Gran Teatro e inició su actividad en 1907. De todos sus elementos arquitectónicos, el más destacado que poseía era una cubierta acristalada.
- El Frontón Kursaal. Tuvo una corta vida como frontón, ya que, al poco tiempo de construirse (1909), fue reformado como teatro. Tenía una capacidad para 3.600 personas y su decoración escultórica corrió a cargo de Enrique Carrera.
- El Velódromo-Estadio. Fue el primero levantado en Madrid (1910) y, en él, tenían lugar pruebas ciclistas, de atletismo y partidos de fútbol o tenis.
Del apogeo al declive
Tras 14 años de pérdidas económicas, en 1932, el Parque de Diversiones de Ciudad Lineal pasó a manos de los Estudios Cinematografía Española (CEA).
Este fue el principio del fin, puesto que los estudios desvirtuaron y ampliaron el complejo para instalar diferentes platós.
Además, por si fuera poco el daño arquitectónico causado, pasados 34 años de haberlo adquirido, cierran y su sede es demolida para construir viviendas de lujo.
Todo ello, sumado a que los CEA borraron del mapa unas construcciones de Art Nouveua reconocible por cualquiera (la mayor parte del Modernismo madrileño requiere formación previa para identificarlo como tal) convierte el primero de los edificios desaparecidos de Madrid en un caso sangrante.
Puente Princesa de Asturias (1909-1929)
Se trata de la primera obra arquitectónica madrileña en la que participa Antonio Palacios. Eso sí, en este caso, su colaboración es meramente decorativa, ya que el diseño es de Vicente Machimbarrena.
Aunque englobado bajo la etiqueta de edificios desaparecidos de Madrid, estamos, como su nombre indica, ante otro tipo de construcción: un puente sobre el río Manzanares.
Uno de sus principales hitos era la luz del arco del puente, 50 metros, el equivalente a la altura del Edificio Catalana Occidental de Madrid.
En 1929, tras 20 años de uso, fue demolido. En su lugar, se construyó otro puente, del mismo nombre, aunque conocido como Puente de Legazpi, más adecuado para el creciente tráfico de la ciudad.
Por último, las obras de Madrid Río (2006-2011), se llevaron por delante este sustituto, que fue repuesto por una moderna e irrelevante, desde el punto de vista arquitectónico, pasarela.
Fábrica de la Perfumería Gal (1915-1963)
Otro ejemplo de Modernismo perdido, así es el caso de la Fábrica de la Perfumería Gal, un complejo de edificios desaparecidos de Madrid que, al menos, fue sustituido por excelente arquitectura brutalista (aunque bien podría haberse levantado en los solares vacíos de la zona), pero vayamos por partes.
Breve historia de la Gal
La empresa Perfumería Gal fue fundada en 1887 por Salvador Echeandía Gal. Transcurridos 14 años, el éxito de sus perfumes, lociones, jabones y polvos cosméticos lleva a Echeandía y a su hermano Eusebio a trasladar la pequeña tienda de la calle Arenal a la primera fábrica Gal, en Ferraz.
Pronto, también, se quedó pequeña y, en 1915, queda inaugurada la fábrica de la imagen.
Modernismo de Madrid al lado de la plaza de la Moncloa
El nuevo edificio fue diseñado por Amós Salvador y Carreras, cuyas fachadas de aspecto neomudéjar y neomedieval cuentan con toques modernistas similares a los del Cementerio de la Almudena o la Iglesia de la Buena Dicha.
De hecho, la construcción resultó tan singular que, ese mismo 1915, el Ayuntamiento de Madrid concedió a la fábrica un premio extraordinario por su diseño.
Primera línea del frente y Brutalismo
Durante la Guerra Civil (1936-1939), la Fábrica de la Perfumería Gal recibió el impacto de numerosos cañonazos que la dejaron parcialmente destruida. No obstante, tras ella, consigue recuperar el nivel de producción previo.
Ya en 1963, la Perfumería Gal traslada su actividad a Alcalá de Henares y la fábrica es derribada para construir el actual complejo Galaxia, que ocupa su solar. Sí se conservan las instalaciones complementarias levantadas en 1919.
Templete Puerta del Sol (1919-1933)
La primera línea del Metro de Madrid se inauguró el 17 de octubre de 1919 por el rey Alfonso XII.
Discurría a lo largo de 3,48 Km, desde Cuatro Caminos hasta la Puerta del Sol. Antonio Palacios diseñó los vestíbulos, accesos, la decoración interior de las estaciones y los primeros edificios de oficinas.
De los accesos, destacaban el de la Puerta del Sol y el de la Red de San Luis (actual Gran Vía). El primero era una construcción de hierro forjado y vidrio, coronado por la enorme marquesina que puede verse en las imágenes.
Por desgracia, desapareció de la plaza en 1933 y, en la actualidad, no hay nada en ese espacio.
Templete Red de San Luis (1920-1970)
El ensanchamiento final de la calle Montera es conocido como Red de San Luis. Este segundo templete de Palacios para acceder al Metro de Madrid estaba situado en esa zona y de ahí le viene el nombre.
Al igual que el de la Puerta del Sol, fue encargado para dotar de mayor empaque el acceso a los andenes de una estación tan importante como Gran Vía. Por ello, tanto esta como la de Sol contaban con ascensores.
El Templete de la Red de San Luis estaba construido en granito y rematado por una gran marquesina, levemente inclinada, de hierro forjado y vidrio.
En diciembre de 1969, el templete fue clausurado y, al año siguiente, desmontado y retirado del lugar. Sin embargo, esta construcción no ha desaparecido del todo (aunque sí de Madrid), ya que en 1972, fue donada a O Porriño (Pontevedra), la localidad natal de Antonio Palacios. Eso sí, en un estado semi-ruinoso.
Actualización 2018: el regreso del templete de la Red San Luis a Madrid
Con motivo de las obras en la estación de Gran Vía, cuyo objetivo es convertirla en un espacio apto para personas de movilidad reducida y, también, conectarla con la de Sol en modo transbordo subterráneo a pie, el final de Montera volverá a disponer del templete de Palacios.
No será exactamente el mismo, puesto que, como declara Carlos Zorita (responsable del diseño de la reforma de la estación) a El País, será una réplica adaptada a la actualidad.
Esto quiere decir que incluirá ascensores (el templete fue, ligeramente, modificado en los 50 para este propósito), pero mucho más grandes que los que tenía cuando fue desmontado. De hecho, si en 1972 su capacidad se quedaba en 6-7 personas, en el de 2020, podrán montarse hasta 16.
Hotel Florida (1924-1964)
Se trata de la cuarta obra de Antonio Palacios de esta lista. Fue inaugurado el 1 de febrero de 1924 y estaba situado junto al ecléctico edificio La Adriática (1928) y, en frente del Art Decó Cine Callao (1927), en la plaza del mismo nombre.
De la Escuela de Chicago, contaba con 10 plantas y, en su interior, albergaba un hotel de 200 lujosas habitaciones con baño incorporado. Además, su fachada estaba revestida de mármol blanco.
Durante la Guerra Civil, se alojaron en el Hotel Florida diferentes periodistas, como Martha Gellhorn (Collier’s Weekly), Herbert L. Mathews (New York Times) o Mijaíl Koltsov (Pravda), además de Ernest Hemingway.
A pesar de sufrir grandes daños durante la contienda, el hotel siguió en funcionamiento hasta 1962. Ese año fue adquirido por las Galerías Preciados, que, 2 años después, lo derribaron y levantaron, en su lugar, el actual El Corte Inglés de Callao. ¡Todo un crimen arquitectónico!
Cine de la Flor (1928-1989)
De un magnífico Zigzag Moderne era el Cine de la Flor, diseñado por Luis Gutiérrez Soto, una de las figuras más importantes de la arquitectura española del siglo XX (suyas son, por ejemplo, el Ministerio del Aire, el Cine Barceló o el rascacielos Urquinaona).
Ubicado en el número 2 de la calle Alberto Aguilera (hubo otro cine del mismo nombre y titularidad, que fue demolido por la construcción de la Gran Vía), contaba con un cine de verano en su azotea.
Pasadas más de 3 décadas desde su construcción, en 1961, sufrió una profunda reforma exterior e interior que se llevó por delante su revestimiento de mármol y detalles más reconocibles.
A partir de ese momento, se convirtió en uno de los 2 cines Conde Duque que tiene Madrid (uno en Santa Engracia y el otro en Alberto Aguilera). Eso sí, aunque en el número 2 de esta última vía se encuentra un Conde Duque no tiene nada que ver con el de 1961, puesto que en 1989 fue pasto de la piqueta.
Piscina de la Isla (1931-1954)
En 1930, se aprueba en Madrid el Plan General para la mejora de las riberas del Manzanares.
El río había sido canalizado a comienzos del siglo XX y, con ello, habían desaparecido todas las islas de su cauce, a excepción de una. En ella, situada justo antes del Puente del Rey, fue donde se levantó el edificio que albergaba la Piscina de la Isla, proyectado por Luis Gutiérrez Soto.
Una isla Streamline Moderne en Madrid
Poco tiempo después de finalizar la I Guerra Mundial (1914-1918), en la década de los felices años 20, surge un nuevo estilo arquitectónico en Europa: el Art Decó.
La Piscina de la Isla pertenecía a la corriente racionalista de dicho estilo, es decir, al Streamline Moderne. Además, dentro del mismo, al subtipo naval.
Inspirado en el Club Náutico de San Sebastián (1929), el complejo fue concebido como un barco varado en medio del Manzanares. De hecho, el edificio amarillo de la primera imagen hacía las veces de puente de mando y miraba al sur, como si navegase río abajo.
Además, la sensación náutica se veía incrementada con la forma de acceso a las instalaciones: a través de 2 pasarelas conectadas con cada orilla, es decir, había que embarcar.
Un complejo recreativo de primer nivel
Por cierto que, junto a sus 3 piscinas: la cubierta y la de la popa (más grandes y para profesionales) y la de la proa (más pequeña y de uso familiar), contaba con un gimnasio, restaurante, pista de baile, solárium, bar y zona de juegos.
Asimismo, al igual que la fábrica de la Perfumería Gal y el Hotel Florida, a pesar de quedar muy dañada durante la Guerra Civil, la Piscina de la Isla fue reconstruida y reabierta. En este caso, con nuevo nombre, Obra Sindical, Piscinas la Isla.
El Manzanares: pequeño, pero de gran poder destructivo
En 1947, el río Manzanares se desborda y daña de forma considerable las instalaciones, que estuvieron parcialmente sumergidas.
Aunque volvieron a abrir, las piscinas fueron clausuradas por un nuevo encauzamiento del río. Estas obras hundieron la isla y, actualmente, allí sólo hay agua.
Primer aeropuerto de Barajas (1931-1963)
No cabe duda de que el aeropuerto de Madrid es uno de los edificios más espectaculares de la ciudad. Sobre todo, nos referimos a la T4 (2007), obra de los estudios Lamela y Richard Rogers.
Sin embargo, mucho antes de que se convirtiera en uno de los aeropuertos más importantes de Europa, Luis Gutiérrez Soto diseñó un coqueto conjunto de Art Decó, tanto Zigzag como Streamline Moderne, que fue inaugurado en 1931.
A punto estuvo de ubicarse en Vallecas (así se habría nutrido, más aún, su espléndido Art Decó), Getafe o Carabanchel Alto, pero finalmente se decidió que la entonces villa de Barajas fuera el emplazamiento definitivo. Local en sus inicios, desde 1946, el aeródromo de Barajas recibe y es punto de inicio de vuelos internacionales.
Aunque la Guerra Civil no provocó daños en las instalaciones, el creciente número de rutas provocó que el aeropuerto de Gutiérrez Soto (concebido para soportar 30.000 viajantes anuales) se quedara pequeño o, más bien, enano para las más de 500.000 personas anuales que pasaron por él en los 50.
Para cuando las obras de Gutiérrez Soto se derriban (1963), Barajas ya recibe 1,2 millones de viajantes por año. En la actualidad, ocupa el vigésimo primer puesto mundial y quinto de Europa.
Frontón Recoletos (1935-1973)
¿Por qué se jugaba a la pelota vasca en Madrid?
Durante los últimos años del siglo XIX, la reina María Cristina veraneaba en San Sebastián. Fue allí donde se hizo una gran aficionada al juego de la pelota vasca.
Así, comienza a popularizarse este deporte y, en 1891, se abre el primer frontón, el recinto donde se juega, de Madrid: el Jai Alai. Como consecuencia, la pelota vasca se convirtió en un deporte de masas en la capital, donde se levantaron hasta 30 frontones.
De todos ellos, los más destacados fueron el ya mencionado Jai Alai (desaparecido), el Madrid (1929, se conserva la fachada), el Central (1904, parcialmente demolido), el Beti Jai (1894, restaurado después de años en ruinas) y, el que nos ocupa, el Recoletos.
Ingeniería y arquitectura, juntas para edificar una obra única
Diseñado por Eduardo Torroja (figura clave de la ingeniería española), contó para su construcción con Secundino Zuazo.
El elemento más sobresaliente del edificio era la cubierta: compuesta por 2 cilindros de, tan solo, 8 cm de espesor, que salvaban una superficie de 55 metros de largo y 32,5 de ancho.
Además, parte de las bóvedas cilíndricas contaban con 2 lucernarios con celosías de hormigón armado. Cuando se inaugura, el 26 de febrero de 1936, se convierte en la mayor estructura de este tipo levantada en Europa.
Víctima del bando golpista y del franquismo
Menos de 5 meses después de su puesta en marcha, estalla la Guerra Civil. Los sucesivos bombardeos que sufrió la capital destrozaron la cubierta y las vibraciones de las explosiones dañaron toda la estructura del frontón.
En 1942, Torroja presenta un estudio para restaurarlo, pero nunca se realiza y, en 1973, el Frontón Recoletos es derribado. Su sustituto fue el inmueble Apartamentos Recoletos.
Casa Arvesú (1955-1987)
Fue una vivienda unifamiliar situada en la calle Doctor Arce, 20. Obra de Alejandro de la Sota, presentaba un diseño informalista y orgánico. Este último consistía en una evolución de la arquitectura racionalista.
Además de las fachadas, destacaba la disposición de las distintas estancias y la escalera para acceder a la primera planta. En 1987, la Casa Arvesú fue demolida y, en su lugar, se levantó un edificio de viviendas.
La Pagoda (1967-1999)
Su denominación oficial era Sede de los Laboratorios JORBA, pero los 45º de giro de cada planta de la torre, respecto a la anterior, le dieron el sobrenombre de La Pagoda.
Miguel Fisac, otra personalidad esencial para la arquitectura española del siglo XX, diseñó este ejemplo de Brutalismo de ecos expresionistas, características que compartía con las Torres Blancas de Sáenz de Oíza.
Vigas hueso o la importancia de la marca Fisac
Situado en la entrada a Madrid desde la carretera de Zaragoza, además de la pagoda, el edificio de la farmacéutica contaba con 2 naves rectangulares.
En la fotografía sobre estas líneas, puede apreciarse el original diseño de las vigas, llamadas vigas hueso y patentadas por Fisac (también las incluyó, por ejemplo, en el Centro de Estudios Hidrográficos, 1963), de la cubierta de las mismas.
Para que el hormigón que cayera no salpicara a los pisos inferiores, quiso que la torre se construyera de arriba a abajo, una técnica que, también, se empleó con otro edificio de la ciudad: las Torres de Colón (1976) de Antonio Lamela.
Inconsciencia o venganza, ¿qué provocó el derribo de La Pagoda de Fisac?
En la década de los 90, el Ayuntamiento de Madrid deja fuera de su catálogo de inmuebles protegidos a La Pagoda. Por ello, cuando, en 1999, la nueva titularidad de la propiedad propone su voladura, el consistorio no dispone de los mecanismos legales para impedirlo.
Existe, también, otra versión sobre los motivos de la demolición de La Pagoda. Miguel Fisac culpó al Opus Dei de querer acabar con él y su obra, tras abandonar la institución (formó parte de ella desde 1936 a 1955), a la que calificó de secta.
A día de hoy, el derribo del edificio está considerado como un acto de especulación urbanística y es la sede de la constructora Fábrega la que ocupa el antiguo emplazamiento de La Pagoda.
Platillo Volante o Cafetería Árbol (1969-2010)
Se encontraba en el centro del Parque de Atracciones de Madrid. De 33 metros de altura, fue diseñada por Carlos Buigas e inaugurada el 15 de mayo de 1969. La parte de arriba, el platillo volante, giraba sobre sí mismo y de él caía una cascada de 10 cm de espesor.
Según El País, el platillo tenía una capacidad de 200 personas, 120 en el restaurante y 80 en el mirador. En 1978, el restaurante cerró al público.
Eso sí, 17 años después, el Platillo Volante se restaura. Como consecuencia, la cascada fue sustituida por vegetación que también se plantó en el mirador. Además, el pilar se revistió de fibra de poliéster para emular la corteza de un árbol. Así, la torre pasó a llamarse Cafetería Árbol.
A pesar de la rehabilitación, continúo cerrada hasta que, en 2010, se derriba. En la actualidad, su solar está ocupado por la atracción Star Flyer (80 metros de altura).
Pasarela Manterola (2003-2005)
Tiene el honor de tratarse de la obra más efímera de cuantas aparecen recogidas en esta lista de puentes o edificios desaparecidos de Madrid. Sí, es del siglo XXI, pero tan pegado al XX que, por eso, figura aquí.
Diseñada por Javier Manterola (otro pilar fundamental de la ingeniería española) salvaba los 300 metros del cauce del río Manzanares entre la avenida del mismo nombre y el Paseo de la Virgen del Puerto.
De su alto mástil (42 metros) partían 104 cables galvanizados que sostenían los 2 tableros de 725 metros de longitud. Además, los laterales estaban acristalados y los accesos estaban adaptados para personas de movilidad reducida.
Fue inaugurada en 2003, por el alcalde José María Álvarez del Manzano, quien la describió como un icono de Madrid. Aunque no le faltaba razón, 2 años después, fue retirada porque entorpecía las obras de Madrid Río.
Según El País, costó 5,4 millones construirla y, casi 320 mil desmontarla. Al ser diseñada a medida, se hace muy difícil su reubicación, por lo que, desde 2005, descansa en un almacén municipal.
Más edificios desaparecidos de Madrid (actualización 2018)
Edificio Barclays de Colón (1969-2018)
Desde que se cambió, muy acertadamente, la fachada del primer número del paseo de Recoletos (2009, antes tenía el logo de Telefónica), lo único que fallaba, a nivel estético, del complejo al que pertenece (Centro Colón) es y era la parte que rivaliza en altura con las Torres de Colón (64 metros).
Sin embargo, ahí sigue, inalterable desde 1969. En cambio, la porción que no necesitaba cambios, el brutalista Edificio Barclays ya no existe. Su desaparición tuvo lugar en julio de 2018 y a nadie o casi nadie le importó.
Si la arquitectura moderna y contemporánea no es vista, en general, como patrimonio que debe conservarse, el Brutalismo, en particular, ni siquiera se contempla como arte.
Como consecuencia, las caprichosas formas de hormigón que presentaba este inmueble de Colón (diseñado, como todo el Centro Colón, por Antonio Perpiñá y Luis Iglesias), por desgracia, se han unido ya a la lista de edificios desaparecidos de Madrid.
Colegio Mayor Hispano-Mexicano (1975-2017)
Diseñado en 1968, pero levantado entre 1970 y 1975, el Colegio Mayor Hispano-Mexicano pertenecía, según recoge el COAM, a un tipo de Brutalismo propio de los países del centro de Europa. En concreto, a un Brutalismo racionalista de la escuela Mies van der Rohe, que dio lugar a un complejo de grandes dimensiones de marcado carácter minimalista.
El ladrillo, vidrio y hormigón visto, colocados en perfecto equilibrio, y la planta de 4 ues eran los elementos que convertían en singular esta construcción del número 42 de Juan XXIII.
Edificios desaparecidos de Madrid mutilados
Casa de la marquesa de Villamejor
Situada en pleno barrio de los Austrias, se trata de una de los primeras construcciones modernistas de Madrid. Obra de Manuel Medrano Huertos, fue diseñado como un simétrico edificio, inspirado en el Art Nouveau francés, del que destacaban el saliente curvo del medio, la ondulante cornisa y la sinuosidad de los motivos vegetales del revestimiento.
Además, esos motivos eran diferentes en cada planta. Sin embargo, toda esa riqueza ornamental se perdió en 1949, cuando se convirtió en el Hotel Carlos V.
Aunque la reforma dejó lisa la fachada, sí se conservaron las rejerías de los balcones y la portada de granito. Por ello, aún forma parte del catálogo de edificios modernistas de la capital de España.
Viviendas para Pedro Buraya
Diseñado por José Carnicero Rodríguez, este edificio de viviendas fue levantado durante la etapa de mayor apogeo de la arquitectura modernista en Madrid (1905-1914).
Si la ornamentación del actual Hotel Carlos V bebía de la vertiente francesa del Art Nouveau, la de las viviendas para Pedro Buraya lo hacía del Secesionismo vienés y el Liberty italiano.
Del aspecto que presentaba en 1915, sólo permanecen las rejerías y algunos revestimientos de escayola en remates y dinteles que dificultan su identificación como edificio modernista para quienes no conozcan las particularidades de este estilo en Madrid.
Real Cinema (1920-1964)
Ciertamente, las autoridades responsables de la demolición de todos estos edificios desaparecidos de Madrid se han cebado con las obras Art Nouveau: la fábrica de la perfumería Gal, el Parque de Diversiones de Ciudad Lineal y el Real Cinema.
Dotado de un aforo para 2000 personas, el Real Cinema fue el primero de una larga lista de cines madrileños diseñados por Teodoro Anasagasti. Su inauguración tuvo lugar, por Alfonso XIII, el 15 de mayo de 1920.
Tal y como puede apreciarse en las imágenes, presentaba un llamativo y ecléctico diseño exterior (entre el Modernismo y el Historicismo), del que eran protagonistas los balcones aporticados de la segunda planta y el elegante torreón del lateral izquierdo de la fachada.
Toda esa suntuosidad y su privilegiada situación (plaza de Isabel II/Ópera) despertaron el interés de la nobleza por el cine, actividad, por entonces, muy poco popular entre los miembros de esta clase social.
Su historia tras la salida de la Monarquía
Con la llegada de la II República, el lugar fue renombrado como Cine de la Ópera y, en su interior, comenzaron a celebrarse actividades políticas y culturales.
A comienzos de la Guerra Civil, una bomba incendiaria cae sobre el recinto y daña de forma importante su estructura. Aunque reabre en 1943, 11 años después, se derriba todo a excepción de la estructura.
El insípido edificio actual estuvo terminado en 1965 y, aunque fue ampliado en 1992 para albergar más salas de cine, actualmente, se utiliza como teatro.
Actualización enero 2020: las cosas siempre pueden empeorar
La fachada actual del Teatro Cine Real Cinema es anodina, sí, pero una joya en comparación con el diseño que tendrá cuando se convierta en el hotel Ocean Drive Madrid este mismo 2020. Además, su estructura es la original y por ser de un cine previo a 1936 posee una protección que el Ayuntamiento está obviando.
Madrid y otras ciudades están llenas de contrastes arquitectónicos. Sin embargo, existen contrastes y contrastes. El de este nuevo hotel supone romper la estética de la plaza de Isabel II con la nada, es decir, la irrelevancia, en términos de estética.
Se trata de una fachada espartana que ya hemos visto miles de veces antes y que, de ninguna manera, puede presentarse como “de diseño” porque no lo es.
En definitiva, esta ubicación privilegiada merece una obra mucho más cuidada, en lugar de una copia de cualquier hotel situado en las cercanías de un aeropuerto.
Puestos a transformar el aspecto de la plaza, ¡qué menos que con un edificio que podamos reivindicar! Por ejemplo, podría levantarse algo parecido a estas arquitecturas contemporáneas de Bruselas, Berlín, París, Londres, Barcelona o, también, Madrid:
Teatro Fontalba
La calle Gran Vía de Madrid fue construida en 3 tramos: avenida B (1910-15), El Bulevar (1917-22) y avenida A (1925-29).
El Teatro Fontalba se levantó en la segunda etapa, aquella caracterizada por combinar elementos de la arquitectura francesa con los de la estadounidense de Nueva York y Chicago.
Por encargo del marqués de Fontalba, José López Salaberry y Teodoro de Anasagasti diseñaron un “costoso y elegante” teatro para “beneficio del arte de Madrid”.
Fachada e interior del Teatro Fontalba
Estaba formado por 3 cuerpos unidos: en los laterales, 2 torres gemelas residenciales de 40 metros de altura y, en el centro, el teatro propiamente dicho. Esta última parte estaba coronada por una escultura.
Además, contaba con una rica decoración interior a base de terciopelo azul, caoba, bronces cincelados y mármol, así como un moderno sistema de aparatos para personas sordas en las primeras filas.
Reconversión en rascacielos
El edificio original se inauguró el 20 de octubre de 1924 con el estreno de La Virtud Sospecha de Jacinto Benavente. Pasó a llamarse Teatro Popular durante la II República y, en 1954, la parte del teatro fue demolida.
En su lugar, se levantó un rascacielos de, aproximadamente, 62 metros de altura, la sede del Banco Coca (1934-1978).
Ya en la década de los 90, se iniciaron los trabajos de rehabilitación del conjunto. La normativa vigente impedía la demolición del edificio. Por ello, Federico Echevarría realizó una reconciliación entre la arquitectura del teatro y la del banco.
Así, el actual edificio eleva hasta las cornisas de los edificios de viviendas una reinterpretación de la fachada del cuerpo central y cubre de vidrio negro las plantas más altas a imitación del moderno Nueva York.
Grandes Almacenes Madrid-París
En 1920, Madrid carecía de un gran establecimiento comercial acorde con su estatus de capital europea.
Para ponerle solución, ese mismo año, se constituye la Sociedad Madrid-París para la construcción de unos grandes almacenes del mismo nombre en la Gran Vía.
El diseño del edificio corrió a cargo de Teodoro Anasagasti y Maximiliano Jacobson. Sus elementos más singulares eran las 2 torres de los chaflanes, los anchos pórticos de la planta baja y la cúpula de 30 metros de diámetro.
Alfonso XIII inaugura los Grandes Almacenes Madrid-París el 3 de enero de 1924. Un año después y, para corregir los números rojos en sus cuentas, la sociedad alquila la planta sexta a la emisora Unión Radio (actual Cadena Ser). Sin embargo, no consiguen revertir esa situación y, en 1933, se cierran los almacenes.
Auto-mutilación arquitectónica, la única de esta lista de edificios desaparecidos de Madrid
En 1934, el edificio es adquirido por la Sociedad Española de Precios Únicos (SEPU) para instalar sus almacenes. La empresa decidió remodelarlo y, para ello, contrata a Anasagasti, que mutila su propia obra.
Con la reforma, se añaden 4 plantas y se eliminan la cúpula, los soportales y las torres. Además, desde 1935, se instalaron un cine (el Madrid-París, después Imperial) y diferentes negocios.
Transcurridos 22 años de la primera reforma, la empresa de seguros La Unión y el Fénix acomete una segunda tras comprar el inmueble. En esta ocasión, Fernando Cánovas del Castillo añade una nueva planta, que remata con una cúpula coronada con la escultura del Ave Fénix, el símbolo de la compañía.
Con Primark llegó la restitución
Tras pasar por las manos de PRISA y Drago Capital, en enero de 2015, Amancio Ortega compra el edificio. Precisamente, Drago Capital comenzó unas obras de rehabilitación para instalar la tienda de Primark más grande España.
Dicha rehabilitación ha permitido la recuperación del patio y escalera central, así como la reconstrucción de la cúpula.
Actualización 2020: Teatro Monumental de Madrid
En la actualidad, la fachada del Teatro Monumental de Madrid no dice mucho. Similar a la de algunas facultades de la Ciudad Universitaria, como la de Filosofía y Letras (aunque sin su brillo Art Decó), su aspecto actual nada tiene que ver con el original proto-Art Decó Zigzag Moderne, bastante parecido al derruido Cine Metropolitano de Reina Victoria, por cierto:
Diseñado por Teodoro Anasagasti e inaugurado en los años 20, fue la primera construcción civil de la capital en emplear hormigón armado. En torno a 40 años después de su finalización y, con el objetivo de convertir el inmueble en teatro, su fachada fue mutilada y así ha permanecido desde entonces.
Más pérdidas para el siglo XX: futuros edificios desaparecidos de Madrid (en elaboración)
- Imprenta y fundición tipográfica Richard Gans
- Piscina Stella
- Colegio Mayor San Juan Evangelista
- Torres de Colón
En 1968, Madrid se convirtió en la primera ciudad del mundo en invalidar el dicho “no hay que empezar la casa por el tejado”. Lo hizo gracias a Antonio Lamela (1926-2017), quien había diseñado el primer edificio y rascacielos atirantado de la historia.
Dicho de otro modo, en las Torres de Colón, son las plantas superiores las que soportan la carga de las inferiores y no al revés, como suele ser habitual.
Todo el trabajo de concepción fue sencillo si lo comparamos con el de la construcción, que se dilató hasta 1976. Además, el resultado final tenía poco que ver con el propuesto por Lamela.
La edificación del rascacielos fue complicada, pero no solo por cuestiones estructurales, sino también administrativas. De hecho, originalmente, las Torres de Colón iban a ser residenciales y su denominación la de Torres de Jerez.
Idea del Ayuntamiento versus la de Lamela
En el solar donde se levantan las Torres de Colón, se encontraba (como aparece al principio de este artículo) la Casa Palacio de los señores Parent y Cia (1864). Tras su demolición, el terreno fue ocupado por otra casa palacio: la de Luis de Silva y Fernández de Córdoba (1881, Lorenzo Álvarez Capra).
¿Qué quería el Ayuntamiento para esta privilegiada parcela? Construir un “hito urbano de gran poder vertical”, es decir, un enorme rascacielos. Sin embargo, en aquella época, el techo de España era la Torre de Madrid (142 metros), lo que significaba que el país no contaba con la experiencia para edificar estructuras de unos 40 pisos.
Además, a Antonio Lamela no le seducía rasgar el horizonte madrileño con un edificio tan descomunal en esta zona de la ciudad.
Los 70 trajeron los problemas
Para adecuarse a todos los inconvenientes, Lamela decidió dividir el rascacielos soñado en 2 gemelos y las autoridades madrileñas compraron la idea. No obstante, en 1970, el Ayuntamiento ordenó detener las obras para deconstruir 9 metros de cada torre porque sobrepasaban la altura permitida.
Ante esta paralización, Antonio Lamela procedió a denunciar al organismo y, transcurridos 3 años, ganó y se reanudó la construcción de las torres. Por cierto, entonces, su uso ya había cambiado y se destinarían a oficinas.
Finalmente, las Torres de Colón fueron finalizadas en 1976. Con 86 metros, se convirtieron en los quintos rascacielos más altos de Madrid tras la Torre de Madrid, el Edificio España (117 metros), la Torre de Valencia (94 metros) y el Edificio Telefónica (88 metros).
Cambios de normativa y construcción del enchufe Art Decó
A finales de los años 80, la nueva normativa exigía a los edificios contar con una escalera de incendios. Por tanto, hubo que añadirla a las Torres de Colón y, junto a ella, un apaño para que la estructura aguantara su peso.
Dicho apaño fue el enchufe verde, que incrementó la altura en 30 metros. De estilo Art Decó, en teoría, su instalación iba a ser temporal y, de hecho, se pensaba que se desinstalaría pronto, cuando se diseñara una escalera común.
Un emblema que se va
Aunque concebida como temporal, la solución del enchufe ha aportado singularidad al skyline madrileño durante 28 años. Pese a ello y a que suponga la pérdida de un elemento distintivo de la capital y una de sus pocas muestras neo Art Decó, la última voluntad de Antonio Lamela contemplaba proporcionar a las torres su diseño original.
O, mejor dicho, lo más parecido posible al original, puesto que Lamela apostaba por quitar el enchufe, pero construir 7 plantas más y, así, conservar la altura de 116 metros para el complejo.
- Estadio Santiago Bernabéu
Por último, os dejamos con Monument, canción que habla de amor, pero que queda de lujo como banda sonora de este artículo 😉 y una pregunta, además de estos edificios desaparecidos de Madrid, ¿qué otros echáis en falta en vuestras ciudades?
Ni la clase ni el sentido de responsabilidad por conservar el arte, por desgracia.
Muchísimas gracias por leerlo y comentar 🙂
Qué placer leer tu artículo. Soy un aficionado a la arquitectura y me encanta Madrid, donde he vivido muchos años aunque, por circunstancias de la vida, ahora vivo en Londres. Pero ¡echo tanto en falta Madrid!
Ya lo han hecho pero yo iba a mencionar la Casa Guzmán, destrozada por el hijo del que la encargó, con lo que se demuestra que la clase no se hereda.